Desde el 4 de agosto; día en que se midió el pulso de la Corte Suprema de Justicia. Y momento en que el pueblo colombiano; en su mayoría, veía con anhelo una oportunidad real para la justicia por la captura de Álvaro Uribe Vélez; la seguridad democrática volvió a irrumpir en el país.

Desde las ‘pifias’ de Iván Duque; que más bien parecen burlas y retos a la justicia colombiana, hasta la élite del periodismo de bolsillo de los poderosos; las amenazas, los vituperios, cuestionamientos sin sentido no se hicieron esperar. Aunque, lo peor es que pareciera ser que se convirtieron en una premonición de sangre, caos y sufrimiento.

Colombia volvió a le época de las masacres, del miedo, y de las familias desangradas sin razón alguna. Es decir; a la época que más le convenía al ‘Uribato’ y todo su aparato de narco-estado que se apoderó de la República de Colombia.

¿Concidencia o represalia? No lo sabemos; lo que si podemos entender desde ya; es que volvió la guerra de los paramilitares mal desmovilizados bajo la falsa ley de ‘Justicia y Paz’. Que más de 13 años después; sigue siendo la mentira que más se repite en Colombia.

Porque no tenemos justicia; y el asérrimo ‘uribismo’; bajo la mentira que se le entregó el paíz a un grupo guerrillero, o que la JEP es impunidad, se dedicó a entorpecer el primer intento de paz que parecía poder funcionar.

Esto, no quiere decir que las FARC no sean culpables; o que Santrich merezca libertad; pero sí quiere decir que los délitos de este grupo guerrillero son iguales a los que cometió ‘El gran colombiano’.

Y es que aún parece imposible creer, que en sus ocho años de mandato lo único que pudo hacer fue presentar ‘bajas’ en combate. Las cuales, realmente fueron ejecuciones extrajudiciales a manos del ejército colombiano.

Esto, lo hace de entrada responsable. Por el simple hecho de que un presidente es el primer general de las fuerzas armadas de su país. ¡Es imposible que no supiera!

Pero, todo eso parecía que iba a empezar a explicarse una vez el máximo exponente de la masacre en Colombia para algunos o el mejor presidente para otros; tendría un proceso judicial que podía abrir la puerta de todo lo demás.

Sin embargo, 33 muertes en menos de 25 días han enlutado a familias, madres, esposas, hermanas pero pareciera no tener trascendencia por no ser en los altos estratos del país. Osea, a Colombia todo lo molesta y nada lo cambia.

Y mientras tanto, entre las masacres llegan a las regiones; Duque hace lo que mejor sabe hacer: Defender a Uribe. No aparece el inquilino de la casa de Nariño. Lo que demuestra que él no era quién tomaba las decisiones. O por lo menos no las toma para todo el país que ‘gobierna’.

De esa manera, van 5 personas asesinadas en Cali, 9 en Samaniego,5 en Arauca,6 en el Tambo, ¿Y Duque? ¿El ministerio de defensa? Probablemente por más crudo que suene, ¡No harán nada!; por la sencilla razón de que los que hoy están disparando las armas y saciando la sed de sangre con nuestra juventud; son los mismos que estuvieron en las reuniones, fiestas, parrandas y compartiendo tárima con Duque, Santos y Uribe.

Pero, ¿Quiénes tienen la culpa? En primera medida los asesinos y narcotráficantes que secuestraron las instituciones y la democracia del país. Sin embargo, nosotros también somos culpables. Tuvimos la oportunidad de dar el primer caso para cambiar esto. Pero; preferimos ‘No ser como Venezuela’ o ‘No polarizar’.

Y aún así, cuando quedaban dos caminos; el de la vida y el de la muerte; las lumbreras del ‘Sin violencia’ y de ‘No podemos ser de extremos’ contribuyeron a condenar a Colombia otra vez a ser el matadero del paramilitarismo. El cual, aprovecha la pandemia para salir a hacer de las suyas mientras que el gobierno; se dedica a salvar a los banqueros y vender páramos; dando una hora de estadísticas en tv que nadie entiende ni quiere entender.

Ahora, ¿Cuando cesará la horrible noche? Quedan casi dos años de un niño asustado en la presidencia. El avión se está cayendo y el piloto es un ‘chambón’. Y lo peor, con la comunicación masiva y la manipulación de masas, uno de los responsables de la época más sangrienta en los últimos 20 años del país; está siendo el mártir de la élite y del asalariado que no concibe lo que pasa más allá de sus narices.

Por último, solidaridad, impotencia y dolor es lo único que se puede sentir. Pero, para que estas muertes de la juventud, el sufrimiento de las madres pueda tener un fin; todo el país que se cansó de la sangre y la violencia debe mirar a su agresor a la cara; y sin tibiezas luchar con arte, con letras, con democracia y con posturas claras. Aquí no se trata de un mesías político o de pedirle al señor de Monserrate.

Básicamente se trata de que la indignación dure; que la justicia se haga la única vía de calmar a un país que uno día tras día pensaría que no aguanta más. Pero desde nuestros sofás, pareciera que nada nos importa más allá del Twitter. ¿Cuando cesará la horrible noche? Cuando nos importe más una vida que una pared, cuando nos importe más una mujer que un feto y cuando nos importe más la justicia colectiva que la comodidad individual.

Escrito por :@Michael_Anzola1

One thought on “¿Cuándo cesará la horrible noche?”
  1. Estoy de acuerdo con el editorial mientras nosotros sigamos esperando que los demás elijan por nosotros asi seguiremos con puros lamentos

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